No es turismo tradicional ni enoturismo masivo. Expediciones de Vino propone viajes curados a regiones vitivinícolas de Europa y Argentina, con acceso a bodegas que no reciben público, grupos reducidos y experiencias irrepetibles, pensadas desde la relación directa con productores, enólogos y anfitriones.
Expediciones de Vino es un proyecto que propone una manera distinta de conocer el vino. No desde los circuitos habituales ni desde experiencias estandarizadas, sino desde el acceso, el vínculo y la confianza. Cada expedición se construye como una experiencia única, con grupos pequeños y visitas a bodegas que no forman parte del turismo tradicional, donde el recibimiento está a cargo de sus propios dueños.
Los viajes recorren algunas de las regiones vitivinícolas más emblemáticas de Francia, España y Argentina, con itinerarios diseñados a medida. Almuerzos privados, hospedajes cuidadosamente seleccionados al margen del circuito turístico tradicional, visitas fuera de agenda, charlas sin reloj y mesas compartidas forman parte de una propuesta que prioriza el encuentro y la profundidad por sobre la cantidad.
Detrás del proyecto está Daniel Perchante, con más de dos décadas de vínculo sostenido con el mundo del vino. Su recorrido comienza a fines de los años ‘90, cuando la sommelería todavía no existía como carrera formal en Argentina. Desde entonces, construyó relaciones personales con bodegueros y productores, organizó degustaciones, ferias y viajes, y desarrolló una mirada propia sobre el vino como experiencia cultural.
Con el tiempo, esa experiencia acumulada empezó a tomar forma de proyecto. Lo que en un primer momento estuvo ligado a la importación terminó de definirse, viaje tras viaje, como una propuesta centrada en la experiencia, el acceso y la relación humana.
“El vino siempre estuvo en mi vida. En un momento entendí que lo que yo vivía en ciertas bodegas no era algo habitual, y que eso podía compartirse. No se trata de pagar una visita, sino de generar un vínculo”, explica Daniel Perchante.
Ese concepto de lo inaccesible es el corazón de Expediciones de Vino. No como sinónimo de lujo, sino como acceso a experiencias que no se compran ni se replican. La clave está en la relación humana, en la confianza construida a lo largo del tiempo y en la posibilidad de conocer el vino desde adentro.
Hoy, Expediciones de Vino funciona como una marca madre que reúne viajes internacionales, una importadora de vinos y la organización de encuentros profesionales. Un ecosistema que amplía el alcance del proyecto y refuerza su objetivo central: crear puentes reales entre territorios, personas y culturas del vino.
Expediciones de Vino no propone recorrer bodegas. Propone habitarlas, aunque sea por un rato.